Soy diseñador por formación, pero mi aprendizaje ha sido principalmente autodidacta. Inicié como diseñador web en un entorno donde no había procesos claros, lo que me llevó a construir mi propio método: entender al cliente, a su usuario, cuestionar su negocio y diseñar a partir de eso. Sin concientizarlo, ya estaba haciendo UX.
Mi enfoque siempre parte del negocio. Entender la operación, los objetivos y las limitaciones es lo que me permite proponer soluciones. Después viene la forma. Porque para mí, el buen diseño es aquel que no se nota, pero se siente.
Me involucro más allá del diseño: marketing, operación, sistemas. Mientras más contexto tengo, mejores decisiones puedo tomar. No sigo tendencias por seguirlas; las uso como referencia, pero busco construir soluciones propias, adaptadas a cada problema.
Soy directo, honesto y profundamente involucrado en lo que hago. Eso me ha llevado a tener conversaciones intensas, pero también a defender ideas que generan valor real. Creo en el diseño como una herramienta estratégica, no estética.
Hoy busco colaborar con empresas que entienden que el diseño no es un entregable, sino una ventaja competitiva.